La «restanza»: el sentido político de permanecer y habitar
Desde mediados del siglo XX, los territorios rurales de la península ibérica atraviesan un proceso de despoblación profundo y continuo que no puede explicarse únicamente en términos demográficos. El éxodo iniciado en las décadas de 1950 y 1960 fue también una transformación cultural, simbólica y emocional , impulsada por un modelo de desarrollo que asoció el progreso con la ciudad y relegó « lo rural » a un lugar subordinado. Marcharse se convirtió en sinónimo de futuro, mientras quedarse pasó a ser interpretado como un resto del pasado. Durante décadas, el relato dominante puso el foco casi exclusivamente en quienes se fueron. La huida fue narrada como necesidad, resignación o progreso , mientras que la experiencia de quienes permanecieron quedó silenciada. Sin embargo, fueron muchas las personas que se quedaron, sosteniendo la vida cotidiana en territorios cada vez más envejecidos, con menos servicios y menor presencia institucional. Nombrar esa experiencia resulta imprescin...