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Alberto: militancia, oficio y legado

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  Querido Alberto: Hoy escribirte es un acto de necesidad. Necesidad de nombrarte, de sostener tu presencia a través de las palabras cuando el dolor aprieta y la ausencia se vuelve insoportable. Tu fallecimiento deja un desgarro profundo, una herida que no se cierra fácilmente, porque contigo no se va solo un amigo, se va una parte fundamental de nuestra historia colectiva y de mi propia trayectoria vital y profesional. Tú me enseñaste, quizá sin proponértelo explícitamente, todo lo que significa la militancia por la profesión. Fuiste mentor en el sentido más amplio de la palabra: no solo explicabas, sino que acompañabas, exigías, cuidabas y empujabas a pensar más allá. Nos enseñaste que la militancia no es un gesto puntual ni una consigna, sino una práctica sostenida en el tiempo, profundamente política, vinculada a la defensa y dignificación de la Educación Social con mayúsculas. Militancia como responsabilidad, como coherencia, como compromiso con quienes vendrán después. ...

Ante la urgencia de un nuevo pacto con el territorio

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  Durante demasiado tiempo, en Valladolid hemos vivido agarrados a una idea que hoy ya no se sostiene: la de una provincia agrícola fuerte, fértil y casi inmune al deterioro ambiental. La imagen del campo castellano, amplio y productivo, nos ha servido como relato de estabilidad y continuidad. Sin embargo, los datos del reciente Atlas de la Desertificación de España , elaborado por la Universidad de Alicante y el CSIC, nos obligan a abrir los ojos: el 100 % de la población vallisoletana vive en zonas áridas o semiáridas y cerca del 40 % del territorio provincial ya está desertificado. Dicho claramente: nuestra tierra se está degradando a un ritmo que ya no se puede esconder detrás de ningún discurso tradicional. La desertificación no llega de golpe ni se presenta de forma espectacular . No es que veamos avanzar un desierto de un día para otro, sino que es un desgaste lento y continuo del suelo, provocado tanto por el clima como por prácticas humanas que llevamos décadas asumiendo...

¿Cómo resolver el problema de la vivienda en el medio rural?

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  En España llevamos décadas hablando de despoblación como si fuera un proceso trágico e inevitable, casi una ley natural inscrita en el destino del medio rural. Lo vemos como algo que “pasa” y que lamentamos con cierto fatalismo, mientras repetimos que “cada vez hay menos gente en el pueblo”, “la escuela ya no tiene alumnos” o “el bar cerró el año pasado porque no encontraba personal”. Pero lo que rara vez hacemos es mirar debajo de esas frases y reconocer que, detrás de cada cierre, detrás de cada persona que se marcha y detrás de cada joven que no vuelve, hay un denominador común que atraviesa todos los diagnósticos: la vivienda . No es un tema más en la lista de los problemas del medio rural. Es el tema . La clave que explica por qué iniciativas muy bien pensadas fracasan, por qué proyectos empresariales no despegan, por qué familias que quieren volver no lo hacen, por qué muchos trabajadores y trabajadoras no pueden aceptar un empleo, o por qué tantas personas que sueñan con v...

La deriva que no queremos

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  A veces pienso que la Comisión Europea debería leer La balsa de piedra no como una genialidad literaria, sino como un espejo incómodo. Porque el día que anunció su intención de no garantizar una financiación mínima para los grupos de acción local (GAL) y el programa LEADER a partir de 2028 , sentí algo similar a lo que debió de sentir la península ibérica en la novela de Saramago cuando comenzó a separarse del continente: un crujido profundo, casi simbólico, que anunciaba que algo esencial estaba dejando de encajar. Yo estaba en la sede del grupo de acción local, rodeado de carpetas marcadas con nombres de proyectos, con cafés que se enfrían mientras discutimos cómo mantener vivo lo que otros dan por perdido. Aquella mañana revisábamos algunos expedientes: una pequeña cooperativa láctea que quiere modernizarse, un plan para atraer jóvenes al sector agroalimentario, la recuperación de un antiguo camino para uso turístico… el tipo de proyectos que no salen en titulares, pero que...

¿Por qué la escuela pública necesita más que nunca la educación social?

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  Cada 20 de noviembre celebramos el Día Universal de la Infancia , una fecha que conmemora la adopción de la Declaración de los Derechos del Niño (1959) y la Convención sobre los Derechos del Niño (1989) por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ambas supusieron un compromiso histórico: reconocer que los niños y las niñas son sujetos de pleno derecho, que merecen crecer en entornos seguros, felices y justos, donde se respeten su dignidad, su voz y su bienestar. Sin embargo, más de tres décadas después, la distancia entre la letra de los derechos y su aplicación cotidiana sigue siendo demasiado grande. Y uno de los espacios donde esta brecha se hace más visible es, paradójicamente, en la escuela. El sistema educativo, concebido como garante del derecho a la educación, continúa centrando buena parte de sus esfuerzos en lo estrictamente académico, dejando en un segundo plano las realidades sociales, familiares y emocionales que atraviesan a la infancia y la adolescencia. E...

El expolio del relato rural

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  Desde hace más de una década, las asociaciones rurales que llevamos años trabajando sobre el terreno —acompañando a personas emprendedoras, luchando contra la despoblación, combatiendo la soledad no deseada y fortaleciendo el tejido comunitario— asistimos con creciente indignación a un fenómeno tan silencioso como devastador: la apropiación del relato rural por parte de entidades urbanas sin ningún vínculo real con el territorio. Fundaciones, consultoras, asociaciones,... asentadas en las ciudades han descubierto recientemente que “lo rural” está de moda. Bajo el paraguas del “reto demográfico” o la "despoblación", han hecho suyo un discurso que durante años despreciaron o ignoraron. Ahora, con un lenguaje aprendido a toda prisa, se presentan como portavoces del medio rural, como intérpretes de nuestras necesidades, como representantes de un territorio que no conocen más allá de los informes que redactan desde sus despachos. Se apropian de las palabras, de los símbolos, d...

El regreso que nunca imaginaron

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  Uno crece creyendo que avanza, que construye algo nuevo, pero sin darse cuenta va dibujando un círculo invisible que lo devuelve al punto de partida. Mis abuelos, los paternos desde un pueblo de Extremadura y los maternos desde un rincón de Tierra de Campos, emprendieron en los años sesenta el viaje que marcó el destino de nuestra familia. Dejaron atrás la tierra que los había visto nacer y caminaron hacia la ciudad, convencidos —o quizás resignados— de que allí estaría el porvenir. Conocí a mis abuelos. Los recuerdo bien. Aún puedo ver las manos de Donato, mi abuelo materno: fuertes, endurecidas, como si conservaran la textura de la tierra incluso muchos años después de haberla dejado. Y a mi abuela Carlota, matriarca y mujer rural empoderada, con aquella mezcla de melancolía, genio y orgullo que la acompañaba las pocas veces que la escuché hablar de su pueblo. Mis abuelos paternos eran distintos. Manuel hablaba poco, con la mirada a veces perdida en un horizonte que ya no e...