jueves, 3 de enero de 2013

Libertad (sin) con ira




Como todas las noches, Libertad estaba escondida en un rincón pasando frío. Sus manos moradas, intentaban cubrir su débil cuerpo con una manta sucia y roída. Los viandantes pasaban por allí sin fijarse en ella. Ya saben, generalmente volvemos la cara para no ver aquellas realidades que no nos interesan. Por aquellas bocinas que todos los años colocaban los operarios del ayuntamiento se escuchaban los villancicos de siempre. Estrofas que hablan de paz, amor y felicidad.

Aquella noche hacía un frío que pelaba. En la ciudad no había albergues para transeúntes, las penúltimas ‘reformas’ habían obligado a cerrar el único que quedaba. Libertad abrazada a su tetrabrik de vino tinto, intentaba amortiguar la fría helada. Era lo único que le quedaba.

Los viejos del lugar cuentan que a finales de los setenta, Libertad vivió sus días de gloria. La gente reclamaba en las calles su presencia, ya que era vital para aquella democracia incipiente. Hoy, casi cuarenta años después, vivía tirada en el suelo. Olvidada y arrinconada, como si aquello hubiera sido un espejismo.

Con tanto bienestar nos habíamos acostumbrado a vivir sin libertad. Los mercados nos la habían arrebatado por un puñado de ladrillos. Entonces dejamos de ser libres. Atados a las deudas, a la hipoteca, a los trabajos precarios, al euro. Atados a una democracia en decadencia, atados a un sistema capitalista que nos arrastraba al caos, atados a una clase política inútil,… Habíamos asumido que la libertad no era un bien necesario.

El crecimiento económico nos llevó a regalar nuestra libertad a un puñado de miserables que manipulan a su antojo nuestros destinos. No se olviden, somos marionetas que bailamos al son de los especuladores.

Libertad seguía allí, acurrucada, anestesiada por el alcohol barato. Últimamente nos acordamos mucho de ella, pero esposados y arrastrados, creemos que somos libres.

Libertad seguirá ahí, tirada en el suelo, pasando frío, mientras festejamos una navidad en la que nos encomendamos a los dioses para que haya amor, paz, solidaridad y felicidad en el mundo, qué paradojas, ¿verdad?. Algo estamos haciendo mal y no somos capaces de cambiarlo.

...de nuevo aparece ese dolor, se está yendo el efecto. Me tomaré mi dosis de myolastan y cerrare los ojos...

Emitido el día 3 de enero de 2013 en el programa "Hoy por hoy",
en @SERpalencia