El privilegio de quedarse
Durante mucho tiempo, nos han contado que si quieres progresar tienes que irte a la ciudad. Madrid , Barcelona , Valencia o Sevilla aparecen como el destino lógico, casi obligatorio. Dicen que allí están las oportunidades, el futuro, la “vida de verdad”. Mientras tanto, los pueblos quedaban asociados a lo antiguo, a lo que se deja atrás. Pero esa idea, tan repetida durante años, empieza a hacer aguas. Lo que prometía ser una vía para mejorar ha terminado convirtiéndose, muchas veces, en precariedad y en una sensación constante de no pertenecer a ningún sitio. El abandono de los pueblos y de muchas ciudades pequeñas no ha ocurrido porque sí. No es casualidad. Tiene mucho que ver con cómo se han diseñado las políticas públicas. Por ejemplo, el sistema educativo ha empujado, sin decirlo abiertamente, a que la gente joven se marche. Se les prepara para trabajos y sectores que casi solo existen en grandes ciudades, sin pensar demasiado en cómo ese conocimiento podría servir tamb...