martes, 1 de julio de 2014

Cuándo éramos bobos


Todo esto sucedió entre mayo y junio de 2014. Fue cuando nos la volvieron a meter doblada igual que a nuestros padres.

Aquellos que se autodenominaban demócratas ‘de toda la vida’ emborracharon sus discursos y gargantas en helio. Nos hablaron de la necesaria estabilidad del Estado, del respeto a la instituciones y a la constitución, incluso los muy dementes manifestaron varias veces que había que seguir fortaleciendo la democracia (...y nos daba la risa...).

Durante aquellos días las ciudades llenaron sus plazas y calles de gente que solicitaba a voz en grito un referéndum para decidir. El cielo se pintó de rojo, amarillo y morado. Bobos e inconscientes pensábamos que en aquella madurez democrática no tendríamos problemas para elegir al jefe del Estado, pero empequeñecidos y vapuleados, como siempre, por el pacto PP-PSOE, el debate y la decisión quedaron bien atados en aquellos despachos que desprendían aquel insoportable olor a naftalina. Poder debatir y llegar a acuerdos sobre la configuración del modelo de Estado pertenecía exclusivamente a una parte de la casta política. En este proceso la ciudadanía quedo desplazada. Nos trataron como a menores de edad, nos chulearon y se rieron nuevamente de todos nosotros.

Recuerdo como si fuera ayer cuando Rubalcaba, líder del PSOE decía: ‘Los socialistas nos sentimos compatibles con la monarquía’ y añadía: ‘somos un partido que no oculta su tradición republicana’. Ese discurso esquizofrénico ponía encima de la mesa la decadencia de un adalid que había llevado a su partido a la ruina. Un partido sin horizonte y hundido en un pozo. Un partido anquilosado y viejo que seguía empeñado en defender con uñas y dientes la continuidad del podrido régimen del 78.

El PP y el PSOE nos mostraron sus 'miedos' a modificar ese patrón amarillento que habían confeccionado en la transición. Ese modelo les aseguraba seguir gobernando, pactando y cortando el bacalao. Era el momento de cambiar para que nada cambiase.

La renuncia llegó en un momento de grave crisis institucional, donde la credibilidad de la Corona estaba permanentemente en tela de juicio. Las últimas aventuras y desventuras de los habitantes de la 'Zarzuela’: los elefantes de Botswana, el sainete y nocturno putrefacto del yerno, la implicación de la infanta, las numerosas visitas al taller para arreglar esa ‘maldita’ cadera, costeadas por todos nosotros, la amiga Corinna, la falta de transparencia de la institución, la vida londinense de la reina, el aforamiento urgente del cabeza de familia,… les había convertido en una decrépita parodia nacional. ¡Sí Berlanga levantará la cabeza!

La abdicación se convirtió en un golpe de efecto perfecto y medido, en una ruin estrategia para seguir dividiendo a la ciudadanía, para reconquistar la confianza perdida y para acoger con aires de renovación al heredero ‘mejor’ preparado. ¡Cuándo éramos bobos fantaseábamos con la esperanza muerta de poder llevar a cabo ese necesario y urgente proceso constituyente!

Emitido el día 26 de junio, en el programa
"Hoy por hoy", en @SERpalencia